CRISIS I

Posted: febrero 25th, 2012 | Author: | Filed under: Sin categoría | No Comments »

Crisis 1
El lunes 20 de febrero en la sección Vida&artes de El Pais publicaba Vicente Verdú un artículo titulado “Sociedad bajo coste”. En dicho artículo comentaba que el episodio del Costa Concordia podía ser, exagerando, una metáfora del naufragio de la sociedad actual. Afirmaba como miles de políticos y empresarios han dejado de lado la honradez, como una especie de “capitanes del Costa Concordia” que sólo buscan salvarse a si mismo, mientras el barco que gobiernan se hunde.
Al hilo de dicho artículo añado que en los análisis que se están haciendo de la coyuntura actual nos deberíamos preguntar si el culpable son las personas o es el sistema en sí el causante de la crisis. Si se trata de una cosa u otra la solución sería distinta. Si son las personas el ejemplo de lo que ocurrió en Islandia bien podría ser la solución: cambio de personas y el pais sale de la crisis y en la actualidad no padece la crisis o apenas la notan los ciudadanos. Sin embargo un simple cambio de personas, de partidos poco solucionaría Si además lo que está enfermo es el sistema la cosa ya no es tan sencilla.
Vuelvo con Vicente Verdú. Dice que en el sistema penitenciario norteamericano se cree que se debe aislar al sujeto que daña la sociedad e incluso eliminarlo. Lo cual nos llevaría a concluir que el malo es incorregible. En el sistema español con una política penitencia más reinsercionista, se podría reeducar al malo o al que ha hecho mal (porque en el fondo no es malo). Según esto, podríamos inferir que son las malas condiciones sociales las que malean al hombre. Si seguimos la idea de la política estadounidense,el malo es incorregible. Si seguimos la otra, el hombre es bueno y es la sociedad la que nos hace malos. Una adecuada educación y política de reinserción en la sociedad podría “curar” al que las circunstancias de su vida y de la sociedad -que le ha tocado vivir- han hecho malo.
Estamos conmemorando el 300 aniversario del nacimiento de J.J. Rousseau. Pensemos en su visión positiva del hombre. Su optimismo antropológico le lleva a decir que el hombre es bueno por naturaleza. Ese hombre en estado natural es poseedor de unos sentimientos positivos tanto hacia sí mismo (amor de si) como hacia los demás (piedad natural).
El optimismo antropológico le lleva a Rousseau al humanitarismo y a la virtud, inherentes a nuestra naturaleza, así pues, podemos adentrarnos en las actitudes morales.
Podemos percibir que en el egoísmo, en la codicia y demás vicios late una inmoralidad reprobable, al contrario de lo que observamos al actuar solidariamente, de manera altruista etc., pues son fundamento de conducta virtuosa y justa.
¿Puede la sociedad reeducar el individuo malo? ¿Puede la sociedad evitar el mal moral, social o cívico? Si el culpable de la crisis es el hombre y no el sistema, la salida de la crisis sería una tarea factible.

En el estado natural el hombre vive en un estado de armonía, logrado por dos sentimientos: el amor de sí y la piedad. En otras palabras, el instinto de auto conservación, y la identificación con el que sufre y rechazo al dolor ajeno. Estos dos sentimientos puros llevan al hombre a vivir de forma totalmente pacífica en el Estado de Naturaleza, pues la piedad le impide obtener beneficios en detrimento del resto.
Sin embargo, al entrar en civilización el hombre crea un sentimiento de amor propio, una corrupción del amor de sí, en el que ve a sus semejantes convertidos en instrumentos con los que satisfacer su deseo de aparentar. Esta corrupción, este cambio del amor de sí al amor propio se da, según Rousseau, por la manera de entrar en la cultura, la instauración definitiva de la propiedad privada, que destruye el “todo es de todos” natural, y le lleva a degenerar este sentimiento de amor de sí (amor a sí mismo) a la vanidad (amor propio) fundamento de sentimientos ruines como la vanidad, el egoísmo, la codicia y la lujuria…
El político que se apropia de los bienes de todos, ha corrompido el amor de si mismo y la piedad hacia sus semejantes. Cuando este sentimiento aparece, la armonía y la paz que existían en el estado de naturaleza se diluyen, pues el hombre actúa de una manera y su conciencia, que aún conserva del estado natural, le reprocha su conducta pues le hace ser consciente de la posibilidad de haber actuado de otro modo. Es decir, pese a que podamos actuar de un modo u otro, y el amor propio nos lleve a consideraciones egoístas e individualistas, todavía, mediante la conciencia podemos conducir racionalmente los sentimientos naturales para alcanzar la felicidad.
Pues como hemos dicho, el hombre en estado natural vive en armonía. El acuerdo que establece consigo mismo el hombre civilizado cuando decide actuar racionalmente respecto a los sentimientos naturales, le lleva a sentir la armonía de quien está en paz consigo mismo y con su naturaleza.
De esta manera, en el estado de civilización es la apelación a su conciencia lo que le hace reconducir sus actos hacia lo bueno y lo justo, y por tanto hacia la felicidad. La salida de la crisis debe ser acometida desde dos frentes. La primera en el plano personal: la vuelta a la cordura y a la armonía personal, la búsqueda, por parte de la conciencia personal, del bien individual. Y la segunda la reforma de aquellos aspectos del sistema que hacen daño al bien común.


«El genio maligno cartesiano»

Posted: enero 23rd, 2012 | Author: | Filed under: Bitácora | Tags: , , , | No Comments »

He escuchado a un compañero que cuando a los alumnos de 2º de bachillerato se les explica la hipótesis cartesiana del genio maligno, surge en ellos cierto desconcierto. Piensan que ese razonamiento de Descartes no deja de ser una ingenuidad.
Sin embargo, si profundizamos en el tema, vemos que no iba Descartes muy descaminado. La vida es un contínuo desengaño. El desengaño de «los reyes magos», el del amor platónico de la adolescencia, el de la pérdida de los amigos del colegio al llegar a la universidad, el de la traición de un amigo, las crisis en el matrimonio, la muerte de ese ser querido, el despido en el peor momento, etc.
Pero y si llevamos esto del desengaño a un nivel más global, podríamos hablar de: el desengaño de «la democracia como gobierno del pueblo», el desengaño de los bancos como lugares donde el dinero crece, el desengaño de ver a los políticos en el banquillo de los acusados, el desengaño de la crisis de la sociedad del bienestar, etc.
Como vemos no iba tan descaminado Descartes.
Si en la década de los 80 asistimos a la muerte de la ideología marxista. ¿Quizá estemos asistiendo a la muerte de «la otra gran ideología»? ¿A la muerte del capitalismo?

Pregunto entonces:
¿Esta crisis es sólo económica? ¿O es algo más? Quizá la crisis de la economía sea el detonante de una «gran insatisfacción», de un gran desengaño…
Manolo