Estirpe de hombres íntegros

Posted: octubre 7th, 2012 | Author: | Filed under: Reflexión sobre la actualidad educativa y política | Tags: , , , , , , , , | 1 Comment »

Copio el mismo título de un artículo periodístico que escribí en la muerte del mejor alcalde que ha tenido Madrid, el profesor Enrique Tierno Galván. Le conocí en un espacio de tiempo demasiado breve, porque muy pronto la policía franquista cerró el centro en que entonces (en 1965) enseñaba por las tardes, después de haber sido expulsado de la Universidadpor actuar contra la dictadura, en abierto y para cualquier persona interesada. Cuando me pidieron un titular, con motivo de su muerte, mi respuesta fue: pertenece a la estirpe de los hombres íntegros. Lo sigo manteniendo aún veintiséis años después.

Otro de estos hombres de la estirpe de los íntegros es Luis Gómez Llorente. Se fue el pasado 4 octubre, jueves, hacia la 1,30 de la madrugada, tan callada y silenciosamente como sólo él sabía hacerlo de un modo insuperable. No quiso que avisaran a nadie para no molestar, sin duda. Le ingresaron el lunes y dejó de vivir el jueves. Eso es la muerte, el final de la vida. Vivió con modestia y severidad, utilizando el transporte público hasta en los últimos meses con el bono de jubilado, aunque ya le costaba lo suyo subir las escaleras del metro, luego caminaba un rato hasta el lugar donde tenía que impartir su conferencia y se recuperaba inmediatamente, hablando con brío a la sala repleta de oyentes. Cuando acababa el día, al anochecer, daba un paseo con su mujer y tomaba un ‘bocado’, como a él le gustaba decir, no necesitaba mucho más, en cualquier tabernita o bar cercano a su domicilio. Al día siguiente, se pegaba de nuevo al yunque en su trabajo diario. Me contaba un amigo común que un día le comentó que le habían regalado un yunque y que le brillaron los ojos, porque esa era la imagen que se hacía de sí mismo. Pasados unos días se presentó en su casa con el citado presente. “Es el mejor regalo que me han hecho nunca”, le dijo.

Uno de sus elementos personalísimos era la vestimenta: gabardina azul, chaqueta, rebeca y corbata (en verano prescindía de gabardina). De calzado, botas de media caña para protegerse los pies. El único momento en que le he visto arreglarse un poco más fue un día de Navidad, con abrigo loden y sombrero. “Es que ahora voy a ver a mi madre, que vive en la casa de mi hermana”, me dijo riendo. No le ganaba nadie en caballerosidad. Algunas de sus compañeras de sindicato me contaban que las ponía en un apuro, porque, cuando tomaban un café con él, sentadas en la terraza de una cafetería próxima a la sede dela Avenida de América, no las dejaba pagar, diciéndolas que cómo iban a pagar las damas. Unas veces se enfadaban con él y otras se adelantaba a pagar las consumiciones. Estaba hecho de otro paño.

Algunos se sorprendían en el acto de despedida, al ver que su cuerpo presente estaba flanqueado por delante con la bandera de la UGTy por detrás de la cabeza pendía vertical el crucifijo. A mí me habría gustado ver la cara de muchas personas y hasta de algún poderoso medio de comunicación que le ha acusado muchas veces de materialista, laicista, marxista y anticlerical, entre otras lindezas. “En el Parlamento nos veremos”, le increpó a un obispo en la tribuna del Colegio de doctores y licenciados de Madrid en uno de los muchos debates que celebraban durante la dictadura, mientras la policía estaba al acecho en el exterior de la sede. En cambio, muy pocos saben que en navidades preparaba siempre el belén, que él mismo hacía, con sus propias manos, en su casa y en la de su madre, en el que brillaba su arte y razón mecánica para construir el río, los caminos, las luces y las clásicas figuras navideñas, siempre con detalles imaginativos propios, incluyendo alguna ironía, y con calidad y humanidad a raudales.

Por contraste, bueno sería recordar que en el primer encuentro que tuvo con Fraga, acompañando a Felipe González, Gómez Llorente le dijo al entonces ministro del interior que le sorprendía que, siendo él hombre de formación académica y profesor universitario, defendiera la pena de muerte. Fraga bramó: “Si eso me lo dice en la calle, le pegó un puñetazo que se traga la cachimba”. Felipe González tuvo que intervenir para poner paz. Dos estilos de hacer: la tranquilidad estoica del segoviano, coherente con sus principios, y el desbordamiento irracional del gallego. Razón tenía Tierno Galván cuando escribió: “Flotantes desde el absurdo, somos, en cuanto criaturas existentes, simples conatos de racionalidad” (“Benito Cereno o el mito de Europa”, en Cuadernos Hispanoamericanos, 1952, número 36). Dos estirpes distintas que llevaban consigo dos talantes tan diferentes.

Gómez Llorente reunía una ingente capacidad intelectual con su agudísima razón dialéctica, que no dejaba escapar ni un solo detalle por mínimo que fuera. “Hay que responder a la intervención que me han dirigido, aunque sólo sea por cortesía”, decía a veces, quizás porque la pregunta carecía de interés para él. Sin embargo, contestaba con todo detalle. Sólo una vez, en una reciente intervención en el Ateneo de Madrid, le vi callado y sin responder a un profesor de la Complutense y a otro de Instituto, porque renunció a polemizar con ellos en un asunto en el que vertieron conflictos graves y en absoluto asumibles. A veces algunos le han acusado de querer sobresalir y de ir de protagonista. Nada más lejos de la realidad, en mi opinión. Sabía defender sus convicciones, pero estaba muy lejos de su talante querer molestar a nadie. Hacía gala de un equilibrio exquisito, incluso aunque no se lo mereciera el adversario.

No son muchos los que saben de su lucha tenaz por dar una mejor orientación a las leyes educativas socialistas y su empeño en la necesidad de la formación ética de los estudiantes de Secundaria. Javier Solana (que estuvo presente en la cámara mortuoria del amigo) y Alfredo Pérez Rubalcaba recordarán bien los múltiples intentos en los que la razón dialéctica de Gómez Llorente acabó convenciéndoles con firmes argumentos y exquisita cortesía. “Algunos átomos de ética en la Secundaria no estarían del todo mal”, dijo una vez el profesor de química orgánica, Rubalcaba. Así la reflexión ética entró, por fin, en el cuarto curso de ESO, que, finalmente, quedó en Ética (no se confunda con la actual Ética-cívica, que no es lo mismo) y que impartieron los profesores de filosofía. Es sangrante ver que ahora, con la nueva ley en redacción, puede desaparecer la materia de filosofía en la Enseñanza Secundaria, puesto que muchos no harán bachillerato, y, de hecho, acabarán los estudios secundarios sin haber oído hablar nunca de filosofía, lo que es propio de mentes mostrencas y con poco o nada de cerebro. ¿Será posible semejante atropello? Y ya no tenemos a Gómez Llorente para defender otra alternativa. Los huérfanos del potente empuje del maestro lo tendremos todavía más crudo. Claro que siempre se puede decir, como se ha hecho con otro tema, que no llega el Apocalipsis y que la reflexión moral no es imprescindible en las aulas. Pues parece que la realidad nos viene mostrando tozudamente lo contrario. Ahora bien, peor para la realidad, ya lo saben, aunque pueda resentirse la integridad intelectual.

Es propio de hombres íntegros pensar bien lo que se va a hacer y prepararse adecuadamente para ello. Gómez Llorente no dejaba nada a la improvisación. Lo acostumbrado en él era dedicar un par de semanas a documentarse sobre el tema del que tenía que hablar. En sus últimos ocho años de jubilado esto lo hacía siempre y llevaba escritas sus intervenciones, con papeletas complementarias de las correspondientes citas y textos. A partir de aquí empezaba su exposición con una oratoria natural que dejaba prendados a los oyentes. A veces intervenía durante dos horas, sin que decayera lo más mínimo el interés. Ni siquiera necesitaba un sorbo de agua y la botella quedaba sin tocar. Después, cuando terminaba, encendía un ‘celtas’, corto o largo, y se tomaba un café sólo en la barra de la cafetería. Una vez me extrañé que siempre parásemos en la misma cafetería de una determinada zona de Madrid y se lo pregunté. “Mira” -me dijo- “es que esta cafetería adaptó inmediatamente una zona de fumadores, cuando se podía resolver así el problema. Ahora ya no es posible ni esto, pero yo les estoy muy agradecido por el detalle”. Así era Gómez Llorente, curioso ¿no?

Tenía una mente tan prodigiosa que una vez, llevándole a su casa en mi coche -sabido es que no conducía- le comenté el título de una conferencia que yo tenía que dar la semana siguiente en un lugar fuera de Madrid. “Ah”, me dijo, “puedes plantear un esquema como este”. Y en los 15 minutos que tardamos en llegar había organizado la intervención, que quedó redonda, por cierto. (Pido perdón al lector de esta entrada, pero se agolpan los recuerdos y son tantos…).

Gómez Llorente se nos ha ido sin escribir sus memorias, que tanto nos habrían enseñado. Es algo que ya no es posible recuperar, lástima, aunque tampoco estoy seguro de que le hubiera gustado hacerlas.

Se ha ido tan calladamente como vivió desde que se retiró de la política pública, casi sin despedirse, como si nos quisiera decir solamente que seguiremos en contacto desde el silencio. Fue una buena persona, que siempre echaremos de menos por la falta que nos hace. Nunca buscó la fama y sólo quiso vivir trabajando por sus compromisos. Sin embargo, ha quedado como un referente, que se dedicó completamente a su profesión de profesor de Secundaria. Cuando enseñaba en el Centro de Enseñanzas Integradas (C. E. I.) de Alcalá de Henares, citaba a sus alumnos en el aula las mañanas de los sábados, ya en el último trimestre, porque no podía acabar el programa del que tenían que examinarse en Selectividad. Es muy difícil de creer que se le llenara la clase, como dan testimonio los propios estudiantes, que dicen ahora con orgullo en sus comentarios ‘fue mi profesor’ de filosofía. Todo un ejemplo de fortaleza moral, dedicado al compromiso educativo y al estudio de los clásicos del socialismo español, proclamando la igualdad “como igual libertad para todos” y por encima de la libre competencia. Un hombre bueno. Un buen socialista. Un sabio.

Julián Arroyo

Ilustraciones: David-fernández.net; lne.es; el comercio.es; con Solana en Oviedo, foto de Vélez; el comercio.es; izquierdasocialista.net


One Comment on “Estirpe de hombres íntegros”

  1. 1 José María Callejas Berdonés said at 18:30 on octubre 9th, 2012:

    Muchas gracias Julián por tus palabras para Luis Gómez Llorente, creo que en justicia se las merece, porque nos das a conocer muchos datos que revelan su personalidad auténtica que, más alla de la opción ideológica legítima que cada cual defienda, ha sido una persona muy humana, lo he constatado las veces que hablé con él, y su compromiso ético con la democracia, la enseñanza pública y la defensa de la Filosofía, y de la Ética. No lo olvidaremos.


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