Contra la filosofía

Posted: junio 14th, 2013 | Author: | Filed under: Reflexión sobre la actualidad educativa y política | Tags: , , , , , | No Comments »

Las sucesivas leyes de educación que se han ido elaborando desde 1970 hasta hoy tienen una línea coincidente, en relación con la filosofía en la enseñanza Secundaria y, más precisamente, en el tramo del bachillerato. Sucede que una tras otra se proponen que la filosofía pierda dignidad académica. ¿Por qué siempre se desatan los peores demonios contra la filosofía? Sería ésta una hipótesis que valdría la pena chequear, como dicen ahora, para ver qué nos está sucediendo.

elmulticne.com RACHEL WEISZ En la película Ágora, Hipatia, su  protagonista, es increpada por un jerarca de aquella época de que no cree absolutamente en nada, a lo que ella responde con la misma rapidez que convicción: Yo creo en la filosofía (I believe in philosophy). Ante tan inesperada respuesta, Orestes, futuro prefecto romano, exclama: La filosofía, lo que necesitamos en estos tiempos…. Ya conocemos el desenlace del guión. Hiparquia es dilapidada y sus restos son mutilados y arrastrados por la ciudad, después de haber sido asfixiada piadosamente por uno de sus discípulos para evitarla el sufrimiento. Pues bien, esta historia sucedió en el siglo cuarto a. C., aunque el grito parece seguir resonando en la actualidad, según dicen algunos ministros inquisidores, lo que nos faltaba en estos tiempos, la filosofía. Ahora bien, si pasamos del siglo cuarto al actual siglo XXI parece que las cosas no han cambiado tanto y que los tiempos tampoco están para semejantes menudencias.

 El bachillerato, lugar de la filosofía

La costumbre en España ha sido siempre situar la filosofía en el bachillerato, de manera que en la misma medida en que adelgazaba éste disminuía, igualmente, el peso de las horas dedicadas a la filosofía. El bachillerato franquista era de siete años, con tres en el llamado Superior y cuatro en el Elemental. Entonces la filosofía tenía seis horas (en quinto y sexto de bachillerato), como asignatura común. Con la LGE (1970) se adelgaza el bachillerato, dado que los cuatro cursos del Elemental quedaron integrados en la EGB. La filosofía queda en el curso tercero con cuatro horas y como materia común. Afortunadamente, se añade después el COU, que quedaría, finalmente, como un cuarto curso y la Historia de la Filosofía entró como materia común de cuatro horas más. LOGSE (1990) reduce el bachillerato a dos cursos, quedando la filosofía como materia común con tres horas en primero y la Historia de la Filosofía como materia de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales con cuatro horas (pierde ahora la dignidad de materia común). La Reforma de las Humanidades, gobernando el Partido Popular (2001), modifica la situación de la filosofía, añadiendo Filosofía I y Filosofía II (Historia de la Filosofía), común y con tres horas cada una. LOE (2004) mantiene las dos materias con dos horas cada una y común, pudiendo las Administraciones educativas añadir una hora más por curso. Finalmente, LOMCE la deja reducida al primer curso como troncal, pasando la Historia de la Filosofía a materia específica, que puede ser elegida. (En el cuadro siguiente queda sintetizado todo esto). Dice la Administración que no puede quedar como materia común y en paralelo con Historia de España, como hasta ahora, porque necesitan controlar externamente que los estudiantes catalanes y vascos aprendan historia y lengua, por eso hay que dejarla caer. Otra vez las torpes excusas que nadie se cree y una indigna actuación en contra para favorecer otros objetivos. ¿No se podría favorecer, en el caso de que así sea,  sin hacerlo a costa de destruir otra materia?

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Horadar la roca de la filosofía permanentemente

Ocurre con la filosofía una situación difícilmente inteligible. Los legisladores no pueden dejar de valorar las bases culturales y de actualidad que representa esta materia, pero tampoco quieren actuar en consecuencia. Es como si se sintieran inquietos por dar un paso más en su consolidación, más bien la dejan abandonada a su suerte. No parecen atreverse a definir su posición. Para convencerse de esto no hay más que considerar las introducciones a las leyes, en las que suelen establecerse sus principios teóricos, su espíritu.

Se habla de “nuevos ideales educativos”, así como de “conseguir una sociedad más justa y una vida cada vez más humana”, el ejercicio de la libertad, la convivencia y la cooperación (LGE). La educación transmite valores como libertad, tolerancia y solidaridad y se propone acabar con la discriminación y la desigualdad, y conformar la propia identidad. Igualmente sale la construcción de una concepción de la realidad, la necesidad de ordenar críticamente los conocimientos y darles un sentido personal y moral (LOGSE). La ley no nata (LOCE, 2002) sigue hablando en la Exposición de motivos de “los valores humanísticos propios de nuestra tradición cultural europea”, de la libertad individual, responsabilidad y autonomía. No deja de hablar tampoco la última y próxima ley de “formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio”, valores, actitudes, equidad, eliminación de injusticias (LOMCE, 2013). Todo esto posee una base de cultura filosófica propia, que ayuda a hacerse personas y a dirigir la propia vida. La razón moral kantiana ayuda a superar los comportamientos individuales heterónomos. Lo que pasa es que no se puede evitar la atmósfera filosófica, aunque tampoco se quiera asumir y visualizar del todo. Ocurre algo similar a lo que escribiera Nietzsche, que el hombre se olvida de las metáforas originales, tomándolas por las cosas mismas, creyendo así que está en la verdad.

En este sentido resulta, igualmente, sorprendente que la última ley suprima la materia de Ética, que se situaba hasta hora en el último Curso de ESO, iniciando así el tránsito hacia la filosofía, con la excusa de que es una ética-cívica enlazada con “Educación para la ciudadanía”, que consideran manipuladora, aunque la alternativa a la Religión les parezca impecable.

 Comprender el mundo

Esta ha sido siempre la función de la filosofía y los filósofos han dedicado muchos esfuerzos para entender la realidad en la que viven los seres humanos. No se ha hecho esto nunca de modo pasivo, sino que la consideración crítica de lo que acontece ha conducido a proponer otras alternativas a lo que hay, para hacer posible una conformación integral de los seres humanos. Unas se han desvanecido, a pesar de la aparente solidez que tuvieron en su momento, lo que es normal, pero otras nos siguen interpelando todavía, porque percibimos nuevamente las potencialidades de cambio que contenían.

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¿Por qué proponía Marx transformar el mundo? Por entender que la economía vigente en la sociedad en la que vivía alienaba a los seres humanos, los esclavizaba en lugar de emanciparlos, al ponerse al servicio de la estructura capitalista y no a favor del desarrollo humano. Los que hoy aspiran a hacer posible otro mundo, otra Europa social y no sólo mercantilista, ni destructora del tejido cultural, que ha ido formando la masa de ideas que la filosofía y la ciencia han ido produciendo, son consecuencia del magma histórico que conforman nuestros genes culturales, que la educación nos ha transmitido. No se trata de cuantificar los costes financieros de todo esto, porque no trabajamos con piezas de laboratorio, sino en la construcción de la persona humana para que pueda disfrutar de una vida con bienestar razonable, lo que impiden las penurias cotidianas de unas sociedades empobrecidas y miserables, a las que nos condena la globalización escorada hacia unos pocos. Se trata de que viva bien no sólo uno, sino la sociedad entera, según Platón. Aristóteles pedía bienes exteriores, como la salud del cuerpo y el alimento para ser feliz, pero moderadamente y sin superabundancia: “sin dominar el mar y la tierra se puede ejercitar una actividad noble”, según han leído estos últimos días nuestros estudiantes de Selectividad.

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En cambio, vemos a diario, en medio de la corrupción que nos rodea, cómo precisamente los que tienen más sólo se dedican a trampear todavía más con tal de acumular la mayor cantidad de recursos económicos individuales para hacerse dueños de los males y las tierras a costa de lo que sea y utilizando todos los instrumentos necesarios para que no les pillen. ¿Pueden estos ‘sabios’ ser los más felices, practicando la ‘virtud’ de pedir que se trabaje más y se gane menos? Son, sin duda, ejemplos para la sociedad de lo que es contrario a la virtud; son malignos, desvergonzados, ladrones, homicidas, injustos. Se equivocan en sus malas acciones. En la también injusta y corrupta polis griega de entonces, Platón y Aristóteles, entre otros, se daban cuenta de la situación y clamaban contra ella en sus escritos, como antes lo hiciera Hiparquia frente a las intolerancias inquisitoriales desde la filosofía o la ciencia, que era lo mismo. Hemos de recordar todo esto, que se encuentra en la Historia de la Filosofía, especialmente. Por eso no se puede olvidar esta materia, si es que queremos educar verdaderamente y no sólo enseñar materias de carácter instrumental para competir exitosamente en la economía internacional, que también es necesario, pero sin excesos.

 EL ROTO, EL PAÍS 14 junio2013

Por otra parte, es manifiesta nuestra permanente y progresiva destrucción en vez de realizarnos. Para esto sirve la tan cacareada excelente formación de nuestra juventud, que permanece desempleada y, lo que es peor, sin perspectivas. ¿Qué nos proponen a cambio? Sí, morirse pronto para cobrar más. Menudos valores.

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¿No es hora de poner en evidencia todo esto? Entonces hace falta más filosofía para los bachilleres, que expanda su mente, que no agoste su conciencia y no se “enmollezcan  las resecas testas”, según el particular lenguaje orteguiano, que pedía entonces ciencia “a torrentes”.

Julián Arroyo

 Ilstraciones:

Rachel Weisz en Ágora, elmulticine.com; decadenciayrefugio.blogstop.com; Cuadro; blog.enfemenino.com; facebook.com; El roto, El País 14 junio 3013; celtiberia.net


Estirpe de hombres íntegros

Posted: octubre 7th, 2012 | Author: | Filed under: Reflexión sobre la actualidad educativa y política | Tags: , , , , , , , , | 1 Comment »

Copio el mismo título de un artículo periodístico que escribí en la muerte del mejor alcalde que ha tenido Madrid, el profesor Enrique Tierno Galván. Le conocí en un espacio de tiempo demasiado breve, porque muy pronto la policía franquista cerró el centro en que entonces (en 1965) enseñaba por las tardes, después de haber sido expulsado de la Universidadpor actuar contra la dictadura, en abierto y para cualquier persona interesada. Cuando me pidieron un titular, con motivo de su muerte, mi respuesta fue: pertenece a la estirpe de los hombres íntegros. Lo sigo manteniendo aún veintiséis años después.

Otro de estos hombres de la estirpe de los íntegros es Luis Gómez Llorente. Se fue el pasado 4 octubre, jueves, hacia la 1,30 de la madrugada, tan callada y silenciosamente como sólo él sabía hacerlo de un modo insuperable. No quiso que avisaran a nadie para no molestar, sin duda. Le ingresaron el lunes y dejó de vivir el jueves. Eso es la muerte, el final de la vida. Vivió con modestia y severidad, utilizando el transporte público hasta en los últimos meses con el bono de jubilado, aunque ya le costaba lo suyo subir las escaleras del metro, luego caminaba un rato hasta el lugar donde tenía que impartir su conferencia y se recuperaba inmediatamente, hablando con brío a la sala repleta de oyentes. Cuando acababa el día, al anochecer, daba un paseo con su mujer y tomaba un ‘bocado’, como a él le gustaba decir, no necesitaba mucho más, en cualquier tabernita o bar cercano a su domicilio. Al día siguiente, se pegaba de nuevo al yunque en su trabajo diario. Me contaba un amigo común que un día le comentó que le habían regalado un yunque y que le brillaron los ojos, porque esa era la imagen que se hacía de sí mismo. Pasados unos días se presentó en su casa con el citado presente. “Es el mejor regalo que me han hecho nunca”, le dijo.

Uno de sus elementos personalísimos era la vestimenta: gabardina azul, chaqueta, rebeca y corbata (en verano prescindía de gabardina). De calzado, botas de media caña para protegerse los pies. El único momento en que le he visto arreglarse un poco más fue un día de Navidad, con abrigo loden y sombrero. “Es que ahora voy a ver a mi madre, que vive en la casa de mi hermana”, me dijo riendo. No le ganaba nadie en caballerosidad. Algunas de sus compañeras de sindicato me contaban que las ponía en un apuro, porque, cuando tomaban un café con él, sentadas en la terraza de una cafetería próxima a la sede dela Avenida de América, no las dejaba pagar, diciéndolas que cómo iban a pagar las damas. Unas veces se enfadaban con él y otras se adelantaba a pagar las consumiciones. Estaba hecho de otro paño.

Algunos se sorprendían en el acto de despedida, al ver que su cuerpo presente estaba flanqueado por delante con la bandera de la UGTy por detrás de la cabeza pendía vertical el crucifijo. A mí me habría gustado ver la cara de muchas personas y hasta de algún poderoso medio de comunicación que le ha acusado muchas veces de materialista, laicista, marxista y anticlerical, entre otras lindezas. “En el Parlamento nos veremos”, le increpó a un obispo en la tribuna del Colegio de doctores y licenciados de Madrid en uno de los muchos debates que celebraban durante la dictadura, mientras la policía estaba al acecho en el exterior de la sede. En cambio, muy pocos saben que en navidades preparaba siempre el belén, que él mismo hacía, con sus propias manos, en su casa y en la de su madre, en el que brillaba su arte y razón mecánica para construir el río, los caminos, las luces y las clásicas figuras navideñas, siempre con detalles imaginativos propios, incluyendo alguna ironía, y con calidad y humanidad a raudales.

Por contraste, bueno sería recordar que en el primer encuentro que tuvo con Fraga, acompañando a Felipe González, Gómez Llorente le dijo al entonces ministro del interior que le sorprendía que, siendo él hombre de formación académica y profesor universitario, defendiera la pena de muerte. Fraga bramó: “Si eso me lo dice en la calle, le pegó un puñetazo que se traga la cachimba”. Felipe González tuvo que intervenir para poner paz. Dos estilos de hacer: la tranquilidad estoica del segoviano, coherente con sus principios, y el desbordamiento irracional del gallego. Razón tenía Tierno Galván cuando escribió: “Flotantes desde el absurdo, somos, en cuanto criaturas existentes, simples conatos de racionalidad” (“Benito Cereno o el mito de Europa”, en Cuadernos Hispanoamericanos, 1952, número 36). Dos estirpes distintas que llevaban consigo dos talantes tan diferentes.

Gómez Llorente reunía una ingente capacidad intelectual con su agudísima razón dialéctica, que no dejaba escapar ni un solo detalle por mínimo que fuera. “Hay que responder a la intervención que me han dirigido, aunque sólo sea por cortesía”, decía a veces, quizás porque la pregunta carecía de interés para él. Sin embargo, contestaba con todo detalle. Sólo una vez, en una reciente intervención en el Ateneo de Madrid, le vi callado y sin responder a un profesor de la Complutense y a otro de Instituto, porque renunció a polemizar con ellos en un asunto en el que vertieron conflictos graves y en absoluto asumibles. A veces algunos le han acusado de querer sobresalir y de ir de protagonista. Nada más lejos de la realidad, en mi opinión. Sabía defender sus convicciones, pero estaba muy lejos de su talante querer molestar a nadie. Hacía gala de un equilibrio exquisito, incluso aunque no se lo mereciera el adversario.

No son muchos los que saben de su lucha tenaz por dar una mejor orientación a las leyes educativas socialistas y su empeño en la necesidad de la formación ética de los estudiantes de Secundaria. Javier Solana (que estuvo presente en la cámara mortuoria del amigo) y Alfredo Pérez Rubalcaba recordarán bien los múltiples intentos en los que la razón dialéctica de Gómez Llorente acabó convenciéndoles con firmes argumentos y exquisita cortesía. “Algunos átomos de ética en la Secundaria no estarían del todo mal”, dijo una vez el profesor de química orgánica, Rubalcaba. Así la reflexión ética entró, por fin, en el cuarto curso de ESO, que, finalmente, quedó en Ética (no se confunda con la actual Ética-cívica, que no es lo mismo) y que impartieron los profesores de filosofía. Es sangrante ver que ahora, con la nueva ley en redacción, puede desaparecer la materia de filosofía en la Enseñanza Secundaria, puesto que muchos no harán bachillerato, y, de hecho, acabarán los estudios secundarios sin haber oído hablar nunca de filosofía, lo que es propio de mentes mostrencas y con poco o nada de cerebro. ¿Será posible semejante atropello? Y ya no tenemos a Gómez Llorente para defender otra alternativa. Los huérfanos del potente empuje del maestro lo tendremos todavía más crudo. Claro que siempre se puede decir, como se ha hecho con otro tema, que no llega el Apocalipsis y que la reflexión moral no es imprescindible en las aulas. Pues parece que la realidad nos viene mostrando tozudamente lo contrario. Ahora bien, peor para la realidad, ya lo saben, aunque pueda resentirse la integridad intelectual.

Es propio de hombres íntegros pensar bien lo que se va a hacer y prepararse adecuadamente para ello. Gómez Llorente no dejaba nada a la improvisación. Lo acostumbrado en él era dedicar un par de semanas a documentarse sobre el tema del que tenía que hablar. En sus últimos ocho años de jubilado esto lo hacía siempre y llevaba escritas sus intervenciones, con papeletas complementarias de las correspondientes citas y textos. A partir de aquí empezaba su exposición con una oratoria natural que dejaba prendados a los oyentes. A veces intervenía durante dos horas, sin que decayera lo más mínimo el interés. Ni siquiera necesitaba un sorbo de agua y la botella quedaba sin tocar. Después, cuando terminaba, encendía un ‘celtas’, corto o largo, y se tomaba un café sólo en la barra de la cafetería. Una vez me extrañé que siempre parásemos en la misma cafetería de una determinada zona de Madrid y se lo pregunté. “Mira” -me dijo- “es que esta cafetería adaptó inmediatamente una zona de fumadores, cuando se podía resolver así el problema. Ahora ya no es posible ni esto, pero yo les estoy muy agradecido por el detalle”. Así era Gómez Llorente, curioso ¿no?

Tenía una mente tan prodigiosa que una vez, llevándole a su casa en mi coche -sabido es que no conducía- le comenté el título de una conferencia que yo tenía que dar la semana siguiente en un lugar fuera de Madrid. “Ah”, me dijo, “puedes plantear un esquema como este”. Y en los 15 minutos que tardamos en llegar había organizado la intervención, que quedó redonda, por cierto. (Pido perdón al lector de esta entrada, pero se agolpan los recuerdos y son tantos…).

Gómez Llorente se nos ha ido sin escribir sus memorias, que tanto nos habrían enseñado. Es algo que ya no es posible recuperar, lástima, aunque tampoco estoy seguro de que le hubiera gustado hacerlas.

Se ha ido tan calladamente como vivió desde que se retiró de la política pública, casi sin despedirse, como si nos quisiera decir solamente que seguiremos en contacto desde el silencio. Fue una buena persona, que siempre echaremos de menos por la falta que nos hace. Nunca buscó la fama y sólo quiso vivir trabajando por sus compromisos. Sin embargo, ha quedado como un referente, que se dedicó completamente a su profesión de profesor de Secundaria. Cuando enseñaba en el Centro de Enseñanzas Integradas (C. E. I.) de Alcalá de Henares, citaba a sus alumnos en el aula las mañanas de los sábados, ya en el último trimestre, porque no podía acabar el programa del que tenían que examinarse en Selectividad. Es muy difícil de creer que se le llenara la clase, como dan testimonio los propios estudiantes, que dicen ahora con orgullo en sus comentarios ‘fue mi profesor’ de filosofía. Todo un ejemplo de fortaleza moral, dedicado al compromiso educativo y al estudio de los clásicos del socialismo español, proclamando la igualdad “como igual libertad para todos” y por encima de la libre competencia. Un hombre bueno. Un buen socialista. Un sabio.

Julián Arroyo

Ilustraciones: David-fernández.net; lne.es; el comercio.es; con Solana en Oviedo, foto de Vélez; el comercio.es; izquierdasocialista.net


La comunidad filosófica “Ibersofía”

Posted: enero 10th, 2012 | Author: | Filed under: Bitácora | Tags: , , , , , , , | 4 Comments »

En el año 2009 surgió en la SEPFI la idea de crear una comunidad filosófica iberoamericana tras el fracaso anterior de EUROSOPHIA. El objetivo fundamental de esta iniciativa fue crear una red de comunicación filosófica cuya base sólida radica en las dos lenguas que todas las naciones iberoamericanas compartimos: el portugués y el español. La distancia geográfica ya no es un obstáculo insalvable, pues con las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación todos los docentes de Filosofía de Europa y América podemos fácilmente crear una red virtual casi instantánea de comunicación filosófica en español y en portugués.

¿Cuáles son los ejes de intercambio y de reflexión filosófica que podrían inicialmente constituir el tema central de nuestra red virtual? La SEPFI, desde su fundación en 1979, siempre ha mostrado un especial interés en la didáctica de la Filosofía y en la innovación de los métodos de enseñanza y aprendizaje de la Filosofía, sobre todo en las aulas de Secundaria. Concretamente la labor de la SEPFI durante muchos años ha sido relevante en la organización de Congresos, Seminario y Encuentros nacionales e internacionales sobre la enseñanza de la Filosofía a los adolescentes. En los últimos años, la SEPFI ha reforzado ese objetivo al conectar con la UNESCO y sus publicaciones sobre la necesidad de enseñar filosofía a los jóvenes en todos los sistemas educativos del mundo.

Un segundo eje temático de esta nueva red virtual sería, según la propuesta de la SEPFI, el enfoque de una nueva ética intercultural, universalizable, de carácter cívico y laico, en el que las aportaciones de los docentes de Iberoamérica podrían ser especialmente útiles y novedosas, pues ayudarían a la configuración de un nuevo modo de comprender las relaciones entre la antropología, la ética y los derechos humanos. En un mundo globalizado la visión eurocéntrica de la filosofía y de la ética pierde su centralidad y permite a los docentes europeos adoptar un enfoque realmente universal sobre los problemas humanos que son de carácter intercultural o transcultural.