El manto de Penelope o el sistema educativo Español

Posted: febrero 25th, 2012 | Author: | Filed under: Reflexión sobre la actualidad educativa y política, Sin categoría | Tags: , , , | 1 Comment »

EL MANTO DE PENELOPE O EL SITEMA EDUCATIVO ESPAÑOL

 

Las nuevas modificaciones del sistema educativo vuelven a poner de manifiesto el gusto español por el tejer y destejer, al igual que Penelope con su manto tejiendo durante el dia lo que desteje por la noche a la espera del  regreso de su esposo.

El asunto aqui es algo más complejo, pues no resulta fácil dilucidar el camino para llegar a Ítaca o si Ítaca sigue estando en las mismas coordenadas geopolíticas.

Lo cierto y verdad es que la enseñanza requiere de un manto estructural que ordene unos  procesos que son de larga duración y éstos no pueden ni definirse ni desarrollarse sin unas condiciones mínimas de estabilidad, sosiego y permanencia en el tiempo.

En los últimos 26 años se han promulgado cuatro leyes orgánicas

(LODE 1985, LOGSE 1990, LOPEGE, 1995, LOCE 2003 y LOE 2006) el actual gobierno anunció, mientras estaba en la oposición, su voluntad de  derogar la actual ley de educación promulgar una nueva.

Las últimas declaraciones del titular del ramo, aunque no explicitan el cambio de norma, sin embargo si parece vislumbrar en el horizonte cambios de hondo calado que sin nombrarlo antecedan a un nuevo marco normativo.

Sin entrar en la polémica de la convocatoria de oposiciones, cancelación de temarios o cuotas de reposición de jubilaciones, que responden, desde mi punto de vista, a unos cálculos electorales y falta de lealtad institucional de unos y otros.

Querría poner el angular en analizar los sucesivos cambios de marco normativo, los altos niveles de fracaso escolar y las perversiones de un sistema dual de conciertos que tienen atrincherados a los agentes educativos y que hace imposible un entendimiento para salir de la situación general de desconcierto de nuestro sistema.

 

PROGRESO CUALITATIVO

 

Decir que nuestro sistema educativo es fruto del sistema  productivo es algo reduccionista, se hace necesario ampliar la base del análisis, para la incorporación de elementos sociales y políticos de gran envergadura.

Ignorar los logros alcanzados por la LGE de los años 70 y el intento de tirar por tierra todos sus avances por el mero hecho de ser una ley franquista, que dicho sea de paso, no lo fue en sentido estricto, fue uno de los elementos que llevo a la progresía de los ochenta a no entender que la función fundamental de un sistema educativo es promover el desarrollo neutralizando las desigualdades sociales, pero que éstas no se dinamitan sino que se van disolviendo de forma progresiva y sostenida, es por ello que el consenso en el sistema se hace necesario para dar estabilidad al mismo, al igual que no se puede decretar la igualdad, no es recomendable promover un sistema fundamentado en principios ideológicos carentes del suficiente contraste teórico.

El progreso cuantitativo no es suficiente para las sociedades democráticas sino que debemos perseguir un progreso cualitativo que sólo se consigue aumentando la calidad y la eficiencia.

De hecho lo que está ocurriendo en nuestra sociedad es que en nombre del principio de comprensividad estamos creando un sistema de doble dirección en el que las familias que económicamente pueden permitírselo huyen del sistema público al sistema concertado por considerar que éste les asegura un mayor rendimiento escolar y académico de su alumnado. Es decir la pretendida igualdad del sistema produce una distorsión en sí misma, beneficiando a una parte de la población que teniendo recursos económicos suficientes, opta por una red concertada que tiene la gran ventaja que siendo centros de titularidad privada son financiados con los presupuestos generales del Estado y responden a un mecanismo de control mucho menor que los centros de titularidad pública.

Es decir, estamos subvencionando y perseverando en  la desigualdad en nombre de la igualdad.

Esta contradicción in terminis esta poniendo de manifiesto las dosis de hipocresía no solo del modelo sino de las familias.

Reafirmar la necesidad de un sistema educativo público es el marco general de éste análisis pero la necesidad de revisar el principio de comprensividad entendido éste como que todo el alumnado debe tener la misma educación en contenidos en el mismo aula debe ser discutido.

No podemos entender la comprensividad de la misma forma en la primaria que en secundaria o en el bachillerato. Si admitimos que ser igual no es hacer los mismo y que la diversidad está en diversidad de destrezas e intereses parece razonable diversificar los itinerarios y crear pasillos lo ms holgados posibles entre ellos.

 

CARRERA PROFESIONAL DOCENTE

 

Definir una carrera profesional docente parece imprescindible si se quieren aumentar los niveles de eficiencia y rigor del  sistema educativo.

La eliminación y reaparición de las categorías profesionales docentes ha sido más el producto de las biografías de las élites políticas de los gestores educativos que, el producto de un análisis riguroso o comparado de nuestro entorno europeo, a pesar de la declarada europeidad de nuestros políticos.

No encontraremos ningún sistema educativo europeo que tenga menos  gradación de los profesionales de la educación que el sistema español.

La perversidad de la teoría de la sospecha defendida por los sindicatos de la enseñanza ha hecho impracticable lo que es una realidad en cualquiera de nuestros vecinos europeos: Que la equidad laboral no consiste en que todos cobren lo mismo a pesar de que de facto no todos los docentes tienen las mismas capacidades, intereses, expectativas o dedicación. Lo cierto y verdad es que la administración educativa sólo valora los méritos como categorías cuantificables cuantitativamente, lo que está provocando una proletarización del profesorado y una expulsión de los mejores del sistema educativo.

La patrimonialización del Estado por parte de las fuerzas políticas y sindicales está produciendo una dinámica en la que los cuerpos profesionales han perdido hegemonía en aras de unos sindicatos que miran más por su subsistencia que por la calidad del sistema.

Unos sindicatos educativos que no saben resolver el conflicto entre la defensa de los derechos civiles y la defensa de los derechos de los trabajadores. Es decir que no han asumido su condición de centrales sindicales fruto de las luchas por los derechos civiles y se han quedado en entidades meramente laboralistas fruto de situaciones históricas superadas.

Es imprescindible que la presencia sindical sea reequilibrada y que se potencie la presencia de cuerpos profesionales donde el mérito sea medido en términos de capacidad y competencia profesional, facilitando la movilidad y la progresión entre los  mismos. Integrando a los profesionales de la educación en todos sus ámbitos, facilitando el trasvase entre los ámbitos no universitarios y universitarios.

 

EVALUACIONES EXTERNAS

 

Entender que nuestro sistema educativo además, de crear ciudadanos autónomos capaces de pensar por si mismos con independencia de las hegemonías políticas, tiene también la función de certificar conocimientos y validar a los ciudadanos para el desarrollo profesional. Se hace necesario pues unas evaluaciones externas que aseguren el rigor y la objetividad del sistema. Todo nuestro entorno europeo cuenta con sistemas de certificación por parte de un cuerpo público de profesionales especializados en la labor de evaluación, que sistematizan las pruebas y las perfeccionan continuamente asegurando la homogeneidad de los niveles, de los conocimientos y por lo tanto del sistema.

 

SELECCIÓN DEL PROFESORADO

 

Teniendo en cuenta nuestro sistema mixto de centros de titularidad pública sostenidos con dinero público y centros de titularidad privada sostenidos, de igual forma, por fondos públicos. Habría que equipar las condiciones del ejercicio de la profesión docente en ambos casos instalando un sistema de inspección muy rigurosa que asegure el desarrollo de los convenios educativos acorde al derecho.

Teniendo en cuenta que los actuales sistema de oposición no responden a la capacidad de los profesionales, sino a confusos y dificultosos sistemas de ordenación protocolaria decidida por espurios acuerdos entre los sindicatos educativos y los gestores políticos. Se haría imprescindible implantar un sistema de acreditaciones profesionales, lo más riguroso posible y lo más alejado de los intereses de los territorios, que asegure la capacitación de los profesionales y la posibilidad de movilidad de estos dentro del sistema mixto en el que estamos inmersos.

 

DEFINIENDO ÍTACA

 

Habiendo dejado a nuestra tejedora en Ítaca se hace necesario definir ese lugar en el que habitamos y que deseamos sea nuestra patria. Se hace imprescindible dotarla de unos valores en los que todos nos encontremos representados y nos hagan progresar de forma confortable, no parece la mejor manera afilar nuestras navajas dejando pasar el tiempo hasta que llegue nuestro momento.

La aconfesionalidad de nuestro sistema no responde a guiños o carantoñas cortoplacistas sino a un arduo caminar en la trayectoria histórica por la modernidad.

Un arduo y tortuoso camino que ha dado unos magníficos resultados en la medida en la que hemos disuelto el binomio entre fe y razón: otorgando un cauce al desarrollo científico que nos ha colocado en las cumbres más altas del pensamiento.

Reconocer la importancia del pensamiento cristiano en ese desarrollo es importante, aunque reconocer que desligarnos de la fe ha sido el mayor logro de la civilización Occidental no es menos relevante, es por ello que definir un sistema educativo heredero de la revolución científica no puede incorporar elementos dogmáticos fruto de tradiciones pasadas.

La eliminación de la educación para la ciudadanía, sin ser muy relevante, puesto que su implantación estaba muy cuestionada si es significativa; En la medida en que rediscute que los valores laicos son los dominantes en una sociedad moderna y democrática.

Reconocer que no todo cambio conlleva progreso y que la falta de cambio no implica perfección es una tarea crítica en al que deberemos insistir en estos momentos. La educación  de las generaciones futuras merece mesura y generosidad de las generaciones presentes.

Al igual que la transición política necesito sacrificios, la creación de un sistema educativo estable que nos permita progresar requiere de esos sacrificios. Se lo debemos al futuro.